viernes, 20 de diciembre de 2013

Hay una estrella en tu interior

Llega un tiempo entrañable, especialmente para los niños. Todo se vuelve mágico, las calles se transforman, de repente las escuchamos si ponemos atención y nos hablan con un lenguaje musical, suave, rítmico... También vemos las señales que nos transmiten en forma de luces de colores, señales que nos invitan a la alegría, a la esperanza. Los niños se introducen en este mundo de “ensueño”, mientras los adultos con nuestras prisas, obligaciones... nos olvidamos de esta parte mágica, que no tiene porqué ir vinculada con el consumo. 

 Para muchos de los niños con quienes trabajamos, es un tiempo triste, donde se acentúa la ausencia de familia, la ausencia de adultos que les quieran de forma incondicional, con sus cosas buenas y sus cosas menos buenas. Echan de menos abrazos sinceros, abrazos que envuelven, que acogen... echan de menos un lugar al que pertenecer, del cual formar parte. Este hecho me hace pensar en todas las personas que trabajamos con estos niños. Y como estamos en un tiempo de magia os voy a contar una historia: 


Había una vez un grupito de niños y niñas que tras escuchar atentamente un cuento de Navidad, decidieron buscar la estrella que les pudiera guiar a ese lugar que más deseaban. -¿Qué que lugar era? - A ver... pensad un poco..! ¿Qué lugar decís que es..? Efectivamente! Ese es el lugar! Ellos se preguntaban como reconocerían que estaban ante la estrella adecuada, la estrella en quién pudieran confiar. Uno decía: - Seguro que son esas estrellas tan bonitas que han colocado por toda la ciudad. Otro decía: - O quizás son las pistas musicales que cada calle nos va silbando al pasear, o quizás la estrella sea una persona, una persona que cumpla aquello que dice, aquella que deja tiempo para estar jugando con nosotros, hablando, paseando... incluso que nos recuerda aquello que tenemos que hacer, aunque no nos guste tanto, como recoger el cuarto, los juguetes, ayudar a poner la mesa, hacer las tareas... para después poder jugar con tranquilidad. Todos los niños y niñas comienzan a aplaudir con entusiasmo: ¡seguro que esa será la estrella que nos guíe! Bien! Y el más pequeño de todos, un poco asustado por el alboroto les dice: - ¿Y dónde la vamos a encontrar? ¿Seguro que existe? Uno de los mayores, le mira con ternura, le coge aupas, se lo coloca sobre sus piernas y le dice: - pero Víctor, seguro que existe y seguro que la vamos a encontrar y sabes qué es lo que nos va a ayudar a encontrarla? (Víctor hace un gesto negativo con la cabeza)- Pues la estrella que cada uno llevamos en nuestro interior. Víctor le mira sorprendido y con los ojos super abiertos pregunta: -¿yo también llevo una estrella dentro? - Por su puesto, le contesta el mayor, mientras el resto de los niños que les rodean asienten afirmativamente con la cabeza. -¡Guau! Exclama Víctor, entonces... funciona como los imanes? Pues cuando un imán se aproxima a un metal, inmediatamente se atrae, ¿no? ¡Exacto! Por eso es muy importante que primero aprendamos a reconocer en nuestro interior a nuestra propia estrella, para que al conocerla cada vez más y más, brille e ilumine tanto que nos conduzca a la estrella exterior, quien a nuestro lado, nos acompañará a buscar nuestros propios sueños, ¡no uno, Víctor! Si no muchos, muchiiiiiiiisimos sueños y así poder seguir la estela de cada uno de ellos, con el deseo, la esperanza de que poco a poco se vayan haciendo realidad. Ahora ya es muy tarde y se te cierran los ojos Víctor, duerme tranquilo, sereno, al calor de tu estrella interior. Pon una mano aquí, en tu pecho. ¿Notas su calor? -¡Sí! Pues ahora duerme junto a su calor. ¡Buenas noches!

viernes, 13 de diciembre de 2013

Sintonizar con los niños.

Si buscamos en un diccionario el significado de la palabra SINTONIZAR nos podemos encontrar con definiciones parecidas a estas: 
-Poner un aparato receptor en la misma frecuencia que un aparato emisor para poder recibir su señal, o entendimiento y armonía entre dos o más personas. 

Los psicólogos que trabajamos en terapia con niños, intentamos “sintonizarnos” con ellos para entender sus comportamientos, descubrir sus ilusiones y alegrías, sus miedos y sufrimientos, etc... para aumentar su bienestar y facilitar un desarrollo adecuado de su persona. 
La psicoterapia es un proceso de comunicación entre un psicoterapeuta y una persona que acude con el propósito de una mejora en su calidad de vida, a través de un cambio en su conducta, actitudes, pensamientos o afectos. Los humanos hemos desarrollado el lenguaje para comunicarnos. Los adultos a veces hablamos a los niños como lo hacemos entre nosotros y esto no sirve con los más peques. Entre adultos utilizamos las explicaciones conceptuales pero los niños son poco receptivos a este código. Nosotros tenemos que sustituir esas explicaciones conceptuales por narración simbólica, cuentos, historias cargadas de imaginación y fantasía.
Recuerdo un niño que me preguntaba por la memoria, ¿qué era eso?, ¿porqué él tenía recuerdos que quería olvidar y sin embargo no recordaba otras cosas que le sucedían? Primero le expliqué que la memoria era la facultad del ser humano para retener y recordar hechos pasados. Nada, no solo no se había enterado sino que además no le servía de nada. 

Entonces me inventé un cuento donde la memoria era como el armario de mi despacho donde yo guardaba allí todo lo que me iba sucediendo durante mi vida y luego podía sacarlo cuando lo necesitaba. Noté que aumentaba su curiosidad y me repitió sus inquietudes sobre tal armario. Le pregunté por lo que comió ayer y hace tres meses y esto me permitió explicarle que hay sucesos que no nos sirven y los guardamos muy atrás en el armario y otros que sí son más importantes y los podemos ver nada más abrir la puerta. 

Ahora, sí estábamos hablando de lo mismo. Ahora, sí estábamos en sintonía. Luego él me pudo contar que su hermano había muerto y esto le hacía sufrir y quería olvidarlo aunque no podía y le entraba rabia cuando olvidaba cosas más cotidianas.
Las historias comunican y nos sintonizan mucho más que las simples explicaciones. Primero, porque el niño las visualiza, las imagina y las vive. Segundo, porque conectan con sus experiencias y con todo lo que ocurre a su alrededor. Y por último, porque las historias mueven emociones, cosa que difícilmente hace una mera explicación. En muchas ocasiones, los adultos tenemos que explicarles a los niños situaciones o hechos difíciles de contar. La separación de los padres, la muerte de la abuelita, la grave enfermedad de un ser querido, etc… Para ello hay que inventarse o utilizar una buena historia, que el niño se meta en la situación que le queremos contar. Que la viva en su imaginación y la llene de fantasía. 
 Como diría uno de nuestros maestros, “la terapia es un arte” y los psicólogos tenemos que ser unos artistas en la creación y utilización de cuentos, metáforas e historias que nos “sintonicen” con nuestros niños.

martes, 10 de diciembre de 2013

¿Qué hacemos con la tristeza?

Hace unas semanas trabajando con una niña el tema de su enuresis, hecho que la avergonzaba, le dije que a veces el “pis” nos quiere contar algo. Le expliqué el caso de un niño que ante una situación difícil para él como fue la separación de sus padres tuvo problemas en este sentido que duraron el tiempo que sentía tristeza y preocupación. Una vez que pasó esta situación desapareció el problema. Le conté también que, según una amiga mía, el “pis” es la forma que tiene el cuerpo de sacar las lágrimas que no lloramos y que por eso hay un refrán castellano que dice “lo que lloras no lo meas”; aunque a veces, le seguí contando, no nos habla sólo de la tristeza sino que también puede ser el enfado o el miedo o cualquier otra emoción difícil para nosotros. 

Le propuse hacer un “teatro” donde yo representaba a su pis y ella hacía de sí misma y tenía que adivinar si yo tenía algún mensaje para ella. Cuando me puse frente a ella le pedí que se concentrara en su cuerpo y sus sensaciones y observara si sentía alguna emoción concreta. En unos minutos me dijo que sentía “tristeza”. Seguimos trabajando y pregunté: ¿qué es lo que te produce tristeza? Después de unos momentos pensando refirió dos cosas: “que no puedo vivir con mi familia” y “que estas Navidades serán las primeras que no estoy con mi familia”. Le expliqué lo que es un duelo por una pérdida, como podía ser la separación entre ella y su familia, algunas de las emociones que lo acompañan y lo que puede durar, tratando de normalizar sus sentimientos. 

A continuación le dije “entonces parece que el pis es un amigo que te está ayudando a expresar esa tristeza de la que no te dabas cuenta; pero claro, esa forma no te gusta mucho porque luego delante de los demás te da vergüenza; ¿de qué otras formas puedes sacar la tristeza para que no tenga que hacerlo el pis?”. Nos pusimos entonces a hacer un listado de cosas que pueden servir para expresar la tristeza: llorar, ver películas tristes de llorar, pintar, bailar, escuchar o inventar canciones tristes, escribir un diario o inventarse cuentos…. Y otras tantas más. Hablamos de cómo los artistas han utilizado el arte para expresar sus emociones. Quedamos en que elegiría la forma que mejor le sirviera para este fin y me contaría la siguiente vez que nos viéramos. En la siguiente sesión la enuresis había desaparecido (ojalá fuese siempre así de rápido).
Situaciones como ésta, dentro del contexto terapeútico y otras muchas de la vida cotidiana, me hacen pensar qué tiempo y espacios damos en nuestra sociedad a los duelos, bien sea por la muerte de personas queridas o por cualquier otra pérdida (personas, situaciones, sueños…) y a la emoción que más los representa: la tristeza.  

La tristeza es la emoción primaria que sirve para integrar una pérdida, para elaborar una despedida y requiere su tiempo, bastante tiempo, en ocasiones especiales mucho tiempo. Las emociones primarias son necesarias para la supervivencia, nos avisan y nos permiten adaptarnos a los cambios en el entorno. Cuando nuestro entorno familiar o cultural no “ve bien” o “no permite” alguna de las emociones primarias (“los niños no lloran”, “las niñas no son agresivas”) necesitamos expresarlas a través de otra emoción secundaria. Así, a menudo mostramos enfado cuando realmente estamos tristes o viceversa, tenemos una depresión cuando no podemos expresar un enfado profundo, o mostramos alegría cuando tenemos miedo… las modalidades pueden ser muy diferentes dependiendo de nuestro entorno más cercano. Jorge Bucay lo expresa muy bien en su cuento “la Tristeza y la Furia” que os animo a leer. 

Mi percepción es que a nuestra sociedad le incomoda o molesta la tristeza, tanto propia como ajena. Como ejemplo, después de la muerte de un familiar tenemos derecho a faltar unos días al trabajo, transcurridos los cuales se supone que eso ya pasó a la historia y estamos como nuevos. Ya están pasados de moda los lutos, las plañideras, los llantos, los cementerios y los rezos. Y no los hemos sustituido por nada, tenemos que salir, hacer vida normal para demostrar cuánto antes que “ya lo hemos superado”. ¿Cuántas muertes, separaciones familiares, rupturas de pareja, pérdidas de amigos, mascotas, trabajos, bienes u objetos con valor sentimental no nos permitimos vivir o lo hacemos a la carrera porque no está bien visto o no tenemos tiempos y espacios para ello? ¿Cuánta tristeza llevamos escondida o camuflada para que los demás no se sientan incómodos o no se preocupen? 

 Con esto lanzo la pregunta abierta: ¿cuántos momentos y espacios tienen los menores de nuestro sistema de protección para conectar con su tristeza y elaborar sus duelos? ¿cuántas personas tienen a su alrededor receptivas para reconocer, permitir y acompañar en esa tristeza? No olvidemos que viven inmersos en un duelo tanto por la familia a la que no ven cada día de su vida como por ese sueño roto de “familia feliz” al que tienen que renunciar frente a unos compañeros de clase con hogares supuestamente felices y normales. ¿cuántas veces estamos encantados porque a su llegada al centro o familia de acogida está “muy bien” y “se ha adaptado perfectamente”?. Cada vez que oigo esto lo primero que pienso es: “mal asunto ¿por dónde saldrá el duelo de este niño o niña? Quizás no esté tan “bien” sino simplemente “desconectado o desconectada” para no molestar ni que le molesten.

lunes, 2 de diciembre de 2013

ESPEJO, ESPEJITO MÁGICO: DIME QUÉ PERSONA PUEDO LLEGAR A SER

Cuando un niño es sacado de su familia maltratante a veces podemos dejarnos llevar por la idea de creer que “ya está a salvo”. Y en una gran parte así es. Pero ésta no es una acción totalitaria. Aún queda mucho de qué proteger a ese niño. Y dentro de ese trabajo pendiente está el cambiar la imagen que se ha creado de sí mismo. Una imagen coherente con el contexto en el que se ha criado y que le deja indefenso en un mundo que funciona de manera muy diferente a lo que él ha vivido.

lunes, 25 de noviembre de 2013

LAS ETIQUETAS


Esta mañana estaba hablando con unos padres que contaban los problemas de conducta de su hijo adolescente de 14 años y que como no lo entendían iban a acudir al servicio de psiquiatría para ver si allí con alguna medicación les ayudaban “de verdad “ y se acababa “este tema”. Este comentario me hizo sentir indefensión y pensé si yo siento esto ¿que sienten los niños a los que se les etiqueta con una enfermedad mental?
En estos últimos años hemos observado en los niños del sistema de protección que  comienzan a tener múltiples diagnósticos y por tanto diferentes tratamientos farmacológicos desde una edad temprana. Cuando los problemas de conducta se intensifican o perduran en el tiempo lo suyo es acudir a la psiquiatría para que nos lo solucionen lo mejor y más rápidamente posible.
Me llama la atención y comienzo a leer datos como que la psiquiatría en estos tiempos está excesivamente presente en un porcentaje altísimo de la población en general,  y más concretamente  en EEUU donde el 47% de la población tiene un diagnóstico psiquiátrico.
En el nuevo DSM5 aparecen un gran numero de trastornos psiquiátricos nuevos,  hasta el punto de que se contemplan casos considerados enfermedades mentales tales  como el Trastorno por Atracón, el Trastorno de Excoriación (rascado compulsivo de la piel), el Trastorno de Acaparamiento (“dificultad persistente de desprenderse de objetos, independientemente de su valor"), el Trastorno Disfórico Premenstrual y el Trastorno Neurocognitivo leve.
Hemos llegado a un punto en el que comportamientos peculiares son considerados enfermedades mentales y por tanto necesitan de un tratamiento farmacológico que simplifique el dolor.
Existe la creencia de que todo tiene solución y que está fuera de nuestro alcance, de manera que solo la química puede solucionarlo.
Esta manera de pensar nos coloca en una posición complicada ya que pone la solución de los problemas fuera del control de la persona de manera que queda relegado el aprender estrategias de manejo del estrés, el autocontrol, la expresión de los sentimientos de manera más curativa … ahora confiamos más en tomar una pastilla que me haga sentir bien que en intentar recolocar, reconducir, reparar “sanar” nuestras heridas.
Los casos con los que nosotros trabajamos son niños que han sido maltratados normalmente por las personas más cercanas, las consecuencias se manifiestan a través de un determinado comportamiento que para los adultos resulta extraño y la mayoría de las veces insoportable. Todo lo vivido no lo han elegido y esto provoca  una sensación de fragilidad y de inseguridad, de indefensión aprendida y de falta de libertad. La libertad que queda es la de poder decidir cómo afrontar esos problemas y con la psiquiatrización de casi cualquier conjunto de tres o cuatro síntomas esa libertad vuelve a quedar relegada y vuelve a surgir el sentimiento de indefensión.
Por supuesto que las enfermedades mentales existen y seguirán existiendo y que es necesaria en muchos casos la ayuda farmacológica pero poner etiquetas a todas y cada una de las conductas que conllevan un dolor físico y/o psicológico nos condena y nos hace sentir el poco control que tenemos sobre nuestros “dolores”.

¡¡¡ Ayudemos a las personas a ser más fuertes y dueñas de su vida !!!!


lunes, 18 de noviembre de 2013

Derechos de la Infancia y la prioridad de vivir en una familia

Aprovechando que se acerca el Día de los Derechos del Niño queremos manifestar nuestra postura y hacer eco del mensaje del vídeo que tan sensiblemente dice que debemos hacer todo lo posible para que los niños convivan en una familia donde se les garantice todas las necesidades.

PEDIR PERDÓN PARA RECONECTAR

Conectar: Unir, enlazar, establecer relación, poner en comunicación. 

Es un término que se utilizaba más en electricidad. Sin embargo, me parece que es el más adecuado para hablar de lo que sentimos cuando otras personas nos entienden y esto nos lleva a tener la sensación de que no estamos solos. Es entonces, cuando la comunicación, como los electrones y protones, fluye entre nosotros. A lo largo de nuestras rutinas diarias buscamos en muchos momentos conectar con las personas que nos rodean, ya sea a través de una palabra o de una mirada, una sonrisa, un abrazo…incluso chateando, aunque parezca algo muy diferente, tiene un objetivo común, que es el de buscar una conexión con otras personas. 
Este sentimiento, activa ciertos mecanismos en el cerebro que nos ayudan a tener menos miedos, alivian la sensación de soledad e incluso aumenta el número de años de vida. Por lo tanto, es algo que nos permite tener una mejor calidad y cantidad de vida. Esto me lleva a invitar a reflexionar sobre la importancia que tienen esos pequeños gestos hacia los niños/adolescentes con los que nos relacionamos. En ocasiones obviamos estos momentos de “complicidad”, nos metemos en la rutina y priorizamos otras parcelas, pero no solo es importante, sino necesario para una buena comunicación. 
 ¿Pero, qué ocurre cuando conectamos con alguien y por un enfrentamiento esa conexión se transforma en desconexión? 
Dentro de las relaciones afectivas el conflicto es algo inevitable. Es algo normal y necesario entre los miembros de una familia. Algo muy común entre padre e hijos. Hay un pequeño cuento que dibuja muy bien este momento. 

Un día, un sabio le preguntó a sus seguidores lo siguiente: ¿Por qué la gente grita cuando está enfadada? Los hombres pensaron unos momentos y uno contestó: Porque perdemos la calma, por eso gritamos. 
Les dijo entonces el sabio: pero, ¿por qué gritar cuando la otra persona se encuentra físicamente a tu lado? ¿No es posible acaso hablarle en voz baja? ¿Por qué entonces le gritamos a la gente cuando estamos enfadados?
Finalmente él les explicó: Cuando dos personas están enfadadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar para poder escucharse. Mientras más enojados están, más fuerte tendrán que gritar, para así poder escucharse bien la una a la otra. 
Luego el sabio les preguntó: ¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Ellos no se gritan sino que se hablan suavemente. ¿A qué se debe esto? A que sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellas es muy pequeña. Continuó el sabio preguntando: ¿Y cuando se enamoran más aún, qué sucede pues? Directamente ya no se hablan, solamente se susurran cosas la una a la otra.

Tenemos una gran noticia, hay un camino de regreso que hace que desde la desconexión se vuelva nuevamente a la conexión, un interruptor. Este interruptor, que es muy potente, se llama PEDIR PERDÓN. Ya sea de manera explicita o implícita, es la manera de volver a conectarse con las personas con las que hemos tenido un conflicto. En ocasiones si no se ha dado una reconexión suelen solaparse los conflictos y se convierte en una relación poco adecuada que no ayuda a crecer a los niños/adolescentes por que aumenta el miedo y la desconfianza (se bloquea la comunicación). Aunque pedir perdón es el camino necesario para volver a restablecer la relación no es suficiente. Hay un último elemento, la persona a la que pedimos perdón nos tiene que perdonar. No tenemos que olvidar que tiene la libertad absoluta de decidir si concede o deniega el perdón. 
En nuestro día a día, si aspiramos a ser perfectos, lo único que vamos a conseguir es una continua frustración. Si asumimos que somos imperfectos y que en más de una ocasión seremos generadores de conflictos esto nos ayudará a mejorar, porque sabemos que aunque nos equivoquemos, contamos con una herramienta efectiva que es: PEDIR PERDÓN. Nos invito -y me incluyo- a utilizarlo, puesto que no se puede perdonar si no hay una petición de perdón (explicita o implícita).

viernes, 8 de noviembre de 2013

SABER ESCUCHAR SU “TEMPO” Y ACOMPASARNOS A ÉL


En muchas ocasiones, cuando los niños presentan dificultades comportamentales y especialmente cuando son comportamientos que dificultan una convivencia tranquila, agradable... lo primero que pensamos es en buscar un profesional que les ayude con esos comportamientos. Buscar un profesional es un buen primer paso, pero hemos de ser consciente que una parte de esa ayuda es para nosotros, padres, y nuestra relación con el niño.
 Como padres además de observar la conducta, hemos de aprender a leer lo que hay detrás de esa conducta: ¿miedo?, ¿rabia?, ¿inseguridad?, ¿impotencia?, ¿celos?, ¿nadie me quiere?... En la medida que nos ejercitamos en esta práctica, es más probable que nuestra respuesta sea más adecuada a la situación, a la demanda del niño. Esto nos facilitará no responder desde el enfado, sino desde el “entiendo lo que te pasa” y vamos a buscar una solución entre los dos. Es un momento en el que la sintonía con nuestro hijo, hace que no se sienta solo y se pierda en el caos, todo lo contrario, siente que hay un capitán a su lado que le va a ir dando, instrucciones, pistas para recuperar la calma, el control. De ahí la importancia de nuestro equilibrio personal, equilibrio que nos ayudará a determinar si estoy en condiciones de responder adecuadamente al niño o por el contrario estoy cansado: porque ha sido un día muy largo, estoy enfadado porque el trabajo no ha salido como esperaba o mi estado de ánimo es bajo por otras circunstancias.
 Por lo que no debemos olvidar cuidarnos, para poder cuidar a los que tenemos a nuestro alrededor.
 Así hay días que estamos relajados, juguetones... y les permitimos a los niños que su juego sea un poco más “al límite”: que se suba al banco del parque, que se suba a nuestras espaldas... y otro día que estamos bien pero cansados, esa misma acción no se la permitimos: porque no se sube a los bancos pues se sienta la gente, no se puede subir a mi espalda porque se puede caer o me puede hacer daño sin querer...

Aquello que deseamos que nuestro hijo aprenda e incorpore ha de ser constante, consistente y no varía en función de nuestro estado de ánimo o de nuestro mayor o menor cansancio. Por eso a veces, no solo los niños, sino también nosotros, como adultos, necesitamos el apoyo, el asesoramiento de un profesional, el cual por un lado nos recuerda que no existen los padres perfectos y además no es bueno, pues por definición todos nos equivocamos y es bueno reconocerlo y asumirlo. Pues desde ahí es más fácil relacionarnos y entendernos con los demás, deseamos lo mejor para ellos, pero no que sean perfectos. Y por otro lado, nos pueden ayudar a recordar la importancia de sintonizar con los niños, para entenderles y dar la respuesta más adecuada, facilitándoles un desarrollo lo más armónico posible.

lunes, 4 de noviembre de 2013

LA METAFORA DEL FUEGO Y LOS PERIODISTAS. 
 En su libro “Anatomía del espíritu” la autora Caroline Myss habla de un trabajo que les pidió una profesora siendo alumna de periodismo para hablar de la objetividad en un buen reportaje periodístico. La autora escribe: 
Ser objetivo, nos dijo, significa mantenerse emocionalmente distanciado del tema sobre el que se está haciendo el reportaje, y atenerse solamente a los “hechos” que se describen o explican la situación. Nos pidió que imagináramos un edificio en llamas y a cuatro periodistas situados cada uno en una esquina distinta para cubrir la información sobre el suceso. Cada uno tendría una perspectiva distinta del mismo incendio. Cada uno entrevistaría a personas de la esquina donde estaba. La pregunta que nos planteó la profesora fue: ¿qué periodista conoce los hechos reales y tiene el punto de vista correcto?, es decir ¿cuál de ellos veía la verdad?
Esta metáfora me ha parecido muy útil tanto en mi trabajo como en mi vida personal. Me parece muy aplicable a nuestro trabajo cotidiano en el sistema de protección , donde actuamos numerosos profesionales con distintas funciones y puntos de vista. Cuántas veces nos enfadamos o sentimos molestos o impotentes porque otro profesional no entiende o comparte nuestro punto de vista? ¿Cuántas veces no entendemos o tachamos de descabellado lo que ese mismo profesional hace en su actuación con la familia, con el menor...?. Me pregunto si eso no se debe simplemente a que no estamos en “su esquina” y no tenemos la misma perspectiva, o no estamos, como en la metáfora, entrevistando a las mismas personas. No es igual la visión o “perspectiva” que tenemos de un o una menor la profesora del colegio, el educador del centro residencial, el psicólogo que hace terapia con él, el coordinador de caso de la sección de protección a la infancia, los profesionales de un programa de intervención familiar… ¿quién conoce mejor los hechos reales? ¿Quién tiene el punto de vista más correcto? ¿Quién sabe “la verdad”?. En nuestro trabajo creo fundamental la comunicación y coordinación de las diferentes visiones de una familia o menor para tratar de acercarnos más a esa verdad (si es que existe alguna verdad total) más que enfrentarnos en luchas estériles para demostrar que la perspectiva de uno es más acertada que la del otro.
Respecto a los menores ¿cuántas veces nos hemos empeñado en que el niño o la niña se “dé cuenta de cómo son sus padres, de que vean “la verdad”? Y me pregunto ¿Sabemos nosotros lo que sienten y viven desde su “esquina” de hijos? ¿Podemos acceder a su perspectiva y su “verdad”? ¿Cuántas veces la respetamos o la tenemos en cuenta? Y sobre sus padres o familia ¿Sabemos de lo que se vive en su “esquina”? ¿Tenemos derecho a hacer juicios tan gratuitos como los que a veces hacemos asegurando que “si los quisieran de verdad harían o no harían tal o cuál cosa”?.
También aplico esta metáfora en mis terapias con los menores en situaciones en las que hay mucha confusión y mensajes que les confunden. Veces en las que una madre intenta que su hijo vea lo malo que ha sido su padre y lo comparta desde la misma “esquina”; o viceversa, es el padre el que descalifica a la madre, los abuelos a una madre, la madre a los abuelos… En estas ocasiones dibujo primero el ejemplo del fuego y los periodistas y les planteo las mismas preguntas. Una vez que entienden que no hay una única verdad dibujamos en el centro a esa persona (por ej: el padre) y a su alrededor, simulando las distintas “esquinas”, dibujamos en círculos a la madre, los abuelos, el niño, un amigo o compañero de trabajo… Y ahí empezamos el trabajo: ¿cómo es en realidad tu padre? Y acompaño al niño o niña a través de las distintas miradas: tal vez para tu madre no fue un buen marido pero para tus abuelos fue un buen hijo; o tal vez no fue un buen marido ni un buen hijo, pero es un buen amigo, o un buen trabajador… y la pregunta más importante ¿Cómo padre quién puede hablar mejor desde la “esquina” del hijo que el propio niño? 
Nosotros, como profesionales ¿sesgamos las visiones del niño con un contenido o visión que viene desde “otra esquina” o les permitimos descubrir lo que viven como hijos?

viernes, 18 de octubre de 2013

FÓRMULA MAGISTRAL PARA EDUCAR


Dentro de un mes celebraremos el día de los Derechos del Niño y quiero aprovechar estas líneas para hacer una reflexión y para explicar, la que a mi entender, es la Fórmula Magistral que todos los padres o educadores infantiles deben saber cuándo pretendan educar a un niño.
En nuestra práctica terapéutica los padres o educadores no se quejan o no piden ayuda para garantizar los derechos de sus niños. Sin embargo, son frecuentes y recurrentes las dificultades y las preocupaciones que nos expresan para inculcarles deberes y responsabilidades. No es extraño encontrarnos con las siguientes experiencias: “tiene … años y su habitación parece una leonera”, “no le motiva nada, solo quiere ver la televisión o jugar a la consola”, “se vuelve sordo cuando le pido que haga algo”, “hacer las tareas escolares, es una guerra diaria”, “se pasa todo el día pegándose con su hermano”, “soy incapaz de hacerle comer o de que se vaya a dormir a su hora”, “solo me cuenta mentiras y es un egoísta”, “no me respeta”, “yo a su edad no era así”, etc…

Antes de explicar cuáles son los elementos de la Fórmula Magistral, quiero decir que los deberes, las responsabilidades y las normas son muy importantes en la educación de los seres humanos en construcción, como son los niños. ¿Por qué?, pues porque nos dan seguridad, autocontrol, autonomía e independencia. Si conozco la norma y lo que sucederá si la cumplo o no, aumenta mi seguridad, autocontrol y tomaré decisiones más responsablemente. Aunque esto sea así, no olvidemos que los niños, están en construcción y que necesitarán siempre varios intentos para aprender y que en ese camino se equivocarán varias veces.
Ahora sí, este es el momento de conocer la Fórmula Magistral de la Educación

Los padres y los educadores sabemos la importancia de limitar el comportamiento de nuestros niños y muchas veces nos agotamos en esta tarea, olvidando los otros dos elementos, igual de importantes que el anterior. Los niños hacen trastadas y en muchas ocasiones solo perciben que les ponemos normas, que agotamos nuestras fuerzas corrigiéndoles; pero no sienten que son queridos, que les valoramos por ser él o ella, las cosas buenas que tiene y que hace. Percibe que le ponemos normas, que está muy bien, pero no siente que le queremos. Suelo aconsejar a los educadores-padres que me consultan con las siguientes palabras: “Yo no sé si le quieres o no, solo lo sabes tú, pero si quieres que salga adelante, además de ponerle normas y corregirle, tienes que demostrarle que le quieres, sin condiciones, aunque se porte mal. En el futuro va a volver a hacer chiquilladas y gamberradas, que debéis corregir, pero diciéndole además que a pesar de todo le entiendes y le quieres y hacérselo saber. El amor se hace, no se dice.” En el fondo lo que debemos pretender, no es que nos obedezcan puntualmente sino que consigan llegar a ser adultos responsables y esto requiere su tiempo. Tiempo para limitar y tiempo para disfrutar con ellos, de sus intereses, gustos, aficiones, sueños, fantasías, puntos fuertes, valía y de su mundo.
Educar es una tarea dificilísima, pero si podemos utilizar estos tres elementos, estoy seguro que el camino será más sencillo.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Pepa Horno acaba de publicar el libro "Escuchando mis tripas"


Es una propuesta didáctica de prevención primaria del abuso sexual infantil en niños y niñas de tres a seis años destinado a profesionales y familias. Material para trabajar la inteligencia somato-sensorial para dotar a los niños de recursos vivenciales y corporales desde los que percibir la violencia. Se puede descargar gratuitamente.