viernes, 20 de diciembre de 2013

Hay una estrella en tu interior

Llega un tiempo entrañable, especialmente para los niños. Todo se vuelve mágico, las calles se transforman, de repente las escuchamos si ponemos atención y nos hablan con un lenguaje musical, suave, rítmico... También vemos las señales que nos transmiten en forma de luces de colores, señales que nos invitan a la alegría, a la esperanza. Los niños se introducen en este mundo de “ensueño”, mientras los adultos con nuestras prisas, obligaciones... nos olvidamos de esta parte mágica, que no tiene porqué ir vinculada con el consumo. 

 Para muchos de los niños con quienes trabajamos, es un tiempo triste, donde se acentúa la ausencia de familia, la ausencia de adultos que les quieran de forma incondicional, con sus cosas buenas y sus cosas menos buenas. Echan de menos abrazos sinceros, abrazos que envuelven, que acogen... echan de menos un lugar al que pertenecer, del cual formar parte. Este hecho me hace pensar en todas las personas que trabajamos con estos niños. Y como estamos en un tiempo de magia os voy a contar una historia: 


Había una vez un grupito de niños y niñas que tras escuchar atentamente un cuento de Navidad, decidieron buscar la estrella que les pudiera guiar a ese lugar que más deseaban. -¿Qué que lugar era? - A ver... pensad un poco..! ¿Qué lugar decís que es..? Efectivamente! Ese es el lugar! Ellos se preguntaban como reconocerían que estaban ante la estrella adecuada, la estrella en quién pudieran confiar. Uno decía: - Seguro que son esas estrellas tan bonitas que han colocado por toda la ciudad. Otro decía: - O quizás son las pistas musicales que cada calle nos va silbando al pasear, o quizás la estrella sea una persona, una persona que cumpla aquello que dice, aquella que deja tiempo para estar jugando con nosotros, hablando, paseando... incluso que nos recuerda aquello que tenemos que hacer, aunque no nos guste tanto, como recoger el cuarto, los juguetes, ayudar a poner la mesa, hacer las tareas... para después poder jugar con tranquilidad. Todos los niños y niñas comienzan a aplaudir con entusiasmo: ¡seguro que esa será la estrella que nos guíe! Bien! Y el más pequeño de todos, un poco asustado por el alboroto les dice: - ¿Y dónde la vamos a encontrar? ¿Seguro que existe? Uno de los mayores, le mira con ternura, le coge aupas, se lo coloca sobre sus piernas y le dice: - pero Víctor, seguro que existe y seguro que la vamos a encontrar y sabes qué es lo que nos va a ayudar a encontrarla? (Víctor hace un gesto negativo con la cabeza)- Pues la estrella que cada uno llevamos en nuestro interior. Víctor le mira sorprendido y con los ojos super abiertos pregunta: -¿yo también llevo una estrella dentro? - Por su puesto, le contesta el mayor, mientras el resto de los niños que les rodean asienten afirmativamente con la cabeza. -¡Guau! Exclama Víctor, entonces... funciona como los imanes? Pues cuando un imán se aproxima a un metal, inmediatamente se atrae, ¿no? ¡Exacto! Por eso es muy importante que primero aprendamos a reconocer en nuestro interior a nuestra propia estrella, para que al conocerla cada vez más y más, brille e ilumine tanto que nos conduzca a la estrella exterior, quien a nuestro lado, nos acompañará a buscar nuestros propios sueños, ¡no uno, Víctor! Si no muchos, muchiiiiiiiisimos sueños y así poder seguir la estela de cada uno de ellos, con el deseo, la esperanza de que poco a poco se vayan haciendo realidad. Ahora ya es muy tarde y se te cierran los ojos Víctor, duerme tranquilo, sereno, al calor de tu estrella interior. Pon una mano aquí, en tu pecho. ¿Notas su calor? -¡Sí! Pues ahora duerme junto a su calor. ¡Buenas noches!

viernes, 13 de diciembre de 2013

Sintonizar con los niños.

Si buscamos en un diccionario el significado de la palabra SINTONIZAR nos podemos encontrar con definiciones parecidas a estas: 
-Poner un aparato receptor en la misma frecuencia que un aparato emisor para poder recibir su señal, o entendimiento y armonía entre dos o más personas. 

Los psicólogos que trabajamos en terapia con niños, intentamos “sintonizarnos” con ellos para entender sus comportamientos, descubrir sus ilusiones y alegrías, sus miedos y sufrimientos, etc... para aumentar su bienestar y facilitar un desarrollo adecuado de su persona. 
La psicoterapia es un proceso de comunicación entre un psicoterapeuta y una persona que acude con el propósito de una mejora en su calidad de vida, a través de un cambio en su conducta, actitudes, pensamientos o afectos. Los humanos hemos desarrollado el lenguaje para comunicarnos. Los adultos a veces hablamos a los niños como lo hacemos entre nosotros y esto no sirve con los más peques. Entre adultos utilizamos las explicaciones conceptuales pero los niños son poco receptivos a este código. Nosotros tenemos que sustituir esas explicaciones conceptuales por narración simbólica, cuentos, historias cargadas de imaginación y fantasía.
Recuerdo un niño que me preguntaba por la memoria, ¿qué era eso?, ¿porqué él tenía recuerdos que quería olvidar y sin embargo no recordaba otras cosas que le sucedían? Primero le expliqué que la memoria era la facultad del ser humano para retener y recordar hechos pasados. Nada, no solo no se había enterado sino que además no le servía de nada. 

Entonces me inventé un cuento donde la memoria era como el armario de mi despacho donde yo guardaba allí todo lo que me iba sucediendo durante mi vida y luego podía sacarlo cuando lo necesitaba. Noté que aumentaba su curiosidad y me repitió sus inquietudes sobre tal armario. Le pregunté por lo que comió ayer y hace tres meses y esto me permitió explicarle que hay sucesos que no nos sirven y los guardamos muy atrás en el armario y otros que sí son más importantes y los podemos ver nada más abrir la puerta. 

Ahora, sí estábamos hablando de lo mismo. Ahora, sí estábamos en sintonía. Luego él me pudo contar que su hermano había muerto y esto le hacía sufrir y quería olvidarlo aunque no podía y le entraba rabia cuando olvidaba cosas más cotidianas.
Las historias comunican y nos sintonizan mucho más que las simples explicaciones. Primero, porque el niño las visualiza, las imagina y las vive. Segundo, porque conectan con sus experiencias y con todo lo que ocurre a su alrededor. Y por último, porque las historias mueven emociones, cosa que difícilmente hace una mera explicación. En muchas ocasiones, los adultos tenemos que explicarles a los niños situaciones o hechos difíciles de contar. La separación de los padres, la muerte de la abuelita, la grave enfermedad de un ser querido, etc… Para ello hay que inventarse o utilizar una buena historia, que el niño se meta en la situación que le queremos contar. Que la viva en su imaginación y la llene de fantasía. 
 Como diría uno de nuestros maestros, “la terapia es un arte” y los psicólogos tenemos que ser unos artistas en la creación y utilización de cuentos, metáforas e historias que nos “sintonicen” con nuestros niños.

martes, 10 de diciembre de 2013

¿Qué hacemos con la tristeza?

Hace unas semanas trabajando con una niña el tema de su enuresis, hecho que la avergonzaba, le dije que a veces el “pis” nos quiere contar algo. Le expliqué el caso de un niño que ante una situación difícil para él como fue la separación de sus padres tuvo problemas en este sentido que duraron el tiempo que sentía tristeza y preocupación. Una vez que pasó esta situación desapareció el problema. Le conté también que, según una amiga mía, el “pis” es la forma que tiene el cuerpo de sacar las lágrimas que no lloramos y que por eso hay un refrán castellano que dice “lo que lloras no lo meas”; aunque a veces, le seguí contando, no nos habla sólo de la tristeza sino que también puede ser el enfado o el miedo o cualquier otra emoción difícil para nosotros. 

Le propuse hacer un “teatro” donde yo representaba a su pis y ella hacía de sí misma y tenía que adivinar si yo tenía algún mensaje para ella. Cuando me puse frente a ella le pedí que se concentrara en su cuerpo y sus sensaciones y observara si sentía alguna emoción concreta. En unos minutos me dijo que sentía “tristeza”. Seguimos trabajando y pregunté: ¿qué es lo que te produce tristeza? Después de unos momentos pensando refirió dos cosas: “que no puedo vivir con mi familia” y “que estas Navidades serán las primeras que no estoy con mi familia”. Le expliqué lo que es un duelo por una pérdida, como podía ser la separación entre ella y su familia, algunas de las emociones que lo acompañan y lo que puede durar, tratando de normalizar sus sentimientos. 

A continuación le dije “entonces parece que el pis es un amigo que te está ayudando a expresar esa tristeza de la que no te dabas cuenta; pero claro, esa forma no te gusta mucho porque luego delante de los demás te da vergüenza; ¿de qué otras formas puedes sacar la tristeza para que no tenga que hacerlo el pis?”. Nos pusimos entonces a hacer un listado de cosas que pueden servir para expresar la tristeza: llorar, ver películas tristes de llorar, pintar, bailar, escuchar o inventar canciones tristes, escribir un diario o inventarse cuentos…. Y otras tantas más. Hablamos de cómo los artistas han utilizado el arte para expresar sus emociones. Quedamos en que elegiría la forma que mejor le sirviera para este fin y me contaría la siguiente vez que nos viéramos. En la siguiente sesión la enuresis había desaparecido (ojalá fuese siempre así de rápido).
Situaciones como ésta, dentro del contexto terapeútico y otras muchas de la vida cotidiana, me hacen pensar qué tiempo y espacios damos en nuestra sociedad a los duelos, bien sea por la muerte de personas queridas o por cualquier otra pérdida (personas, situaciones, sueños…) y a la emoción que más los representa: la tristeza.  

La tristeza es la emoción primaria que sirve para integrar una pérdida, para elaborar una despedida y requiere su tiempo, bastante tiempo, en ocasiones especiales mucho tiempo. Las emociones primarias son necesarias para la supervivencia, nos avisan y nos permiten adaptarnos a los cambios en el entorno. Cuando nuestro entorno familiar o cultural no “ve bien” o “no permite” alguna de las emociones primarias (“los niños no lloran”, “las niñas no son agresivas”) necesitamos expresarlas a través de otra emoción secundaria. Así, a menudo mostramos enfado cuando realmente estamos tristes o viceversa, tenemos una depresión cuando no podemos expresar un enfado profundo, o mostramos alegría cuando tenemos miedo… las modalidades pueden ser muy diferentes dependiendo de nuestro entorno más cercano. Jorge Bucay lo expresa muy bien en su cuento “la Tristeza y la Furia” que os animo a leer. 

Mi percepción es que a nuestra sociedad le incomoda o molesta la tristeza, tanto propia como ajena. Como ejemplo, después de la muerte de un familiar tenemos derecho a faltar unos días al trabajo, transcurridos los cuales se supone que eso ya pasó a la historia y estamos como nuevos. Ya están pasados de moda los lutos, las plañideras, los llantos, los cementerios y los rezos. Y no los hemos sustituido por nada, tenemos que salir, hacer vida normal para demostrar cuánto antes que “ya lo hemos superado”. ¿Cuántas muertes, separaciones familiares, rupturas de pareja, pérdidas de amigos, mascotas, trabajos, bienes u objetos con valor sentimental no nos permitimos vivir o lo hacemos a la carrera porque no está bien visto o no tenemos tiempos y espacios para ello? ¿Cuánta tristeza llevamos escondida o camuflada para que los demás no se sientan incómodos o no se preocupen? 

 Con esto lanzo la pregunta abierta: ¿cuántos momentos y espacios tienen los menores de nuestro sistema de protección para conectar con su tristeza y elaborar sus duelos? ¿cuántas personas tienen a su alrededor receptivas para reconocer, permitir y acompañar en esa tristeza? No olvidemos que viven inmersos en un duelo tanto por la familia a la que no ven cada día de su vida como por ese sueño roto de “familia feliz” al que tienen que renunciar frente a unos compañeros de clase con hogares supuestamente felices y normales. ¿cuántas veces estamos encantados porque a su llegada al centro o familia de acogida está “muy bien” y “se ha adaptado perfectamente”?. Cada vez que oigo esto lo primero que pienso es: “mal asunto ¿por dónde saldrá el duelo de este niño o niña? Quizás no esté tan “bien” sino simplemente “desconectado o desconectada” para no molestar ni que le molesten.

lunes, 2 de diciembre de 2013

ESPEJO, ESPEJITO MÁGICO: DIME QUÉ PERSONA PUEDO LLEGAR A SER

Cuando un niño es sacado de su familia maltratante a veces podemos dejarnos llevar por la idea de creer que “ya está a salvo”. Y en una gran parte así es. Pero ésta no es una acción totalitaria. Aún queda mucho de qué proteger a ese niño. Y dentro de ese trabajo pendiente está el cambiar la imagen que se ha creado de sí mismo. Una imagen coherente con el contexto en el que se ha criado y que le deja indefenso en un mundo que funciona de manera muy diferente a lo que él ha vivido.