lunes, 25 de noviembre de 2013

LAS ETIQUETAS


Esta mañana estaba hablando con unos padres que contaban los problemas de conducta de su hijo adolescente de 14 años y que como no lo entendían iban a acudir al servicio de psiquiatría para ver si allí con alguna medicación les ayudaban “de verdad “ y se acababa “este tema”. Este comentario me hizo sentir indefensión y pensé si yo siento esto ¿que sienten los niños a los que se les etiqueta con una enfermedad mental?
En estos últimos años hemos observado en los niños del sistema de protección que  comienzan a tener múltiples diagnósticos y por tanto diferentes tratamientos farmacológicos desde una edad temprana. Cuando los problemas de conducta se intensifican o perduran en el tiempo lo suyo es acudir a la psiquiatría para que nos lo solucionen lo mejor y más rápidamente posible.
Me llama la atención y comienzo a leer datos como que la psiquiatría en estos tiempos está excesivamente presente en un porcentaje altísimo de la población en general,  y más concretamente  en EEUU donde el 47% de la población tiene un diagnóstico psiquiátrico.
En el nuevo DSM5 aparecen un gran numero de trastornos psiquiátricos nuevos,  hasta el punto de que se contemplan casos considerados enfermedades mentales tales  como el Trastorno por Atracón, el Trastorno de Excoriación (rascado compulsivo de la piel), el Trastorno de Acaparamiento (“dificultad persistente de desprenderse de objetos, independientemente de su valor"), el Trastorno Disfórico Premenstrual y el Trastorno Neurocognitivo leve.
Hemos llegado a un punto en el que comportamientos peculiares son considerados enfermedades mentales y por tanto necesitan de un tratamiento farmacológico que simplifique el dolor.
Existe la creencia de que todo tiene solución y que está fuera de nuestro alcance, de manera que solo la química puede solucionarlo.
Esta manera de pensar nos coloca en una posición complicada ya que pone la solución de los problemas fuera del control de la persona de manera que queda relegado el aprender estrategias de manejo del estrés, el autocontrol, la expresión de los sentimientos de manera más curativa … ahora confiamos más en tomar una pastilla que me haga sentir bien que en intentar recolocar, reconducir, reparar “sanar” nuestras heridas.
Los casos con los que nosotros trabajamos son niños que han sido maltratados normalmente por las personas más cercanas, las consecuencias se manifiestan a través de un determinado comportamiento que para los adultos resulta extraño y la mayoría de las veces insoportable. Todo lo vivido no lo han elegido y esto provoca  una sensación de fragilidad y de inseguridad, de indefensión aprendida y de falta de libertad. La libertad que queda es la de poder decidir cómo afrontar esos problemas y con la psiquiatrización de casi cualquier conjunto de tres o cuatro síntomas esa libertad vuelve a quedar relegada y vuelve a surgir el sentimiento de indefensión.
Por supuesto que las enfermedades mentales existen y seguirán existiendo y que es necesaria en muchos casos la ayuda farmacológica pero poner etiquetas a todas y cada una de las conductas que conllevan un dolor físico y/o psicológico nos condena y nos hace sentir el poco control que tenemos sobre nuestros “dolores”.

¡¡¡ Ayudemos a las personas a ser más fuertes y dueñas de su vida !!!!


2 comentarios:

  1. Que razón tienes Marta. Yo también leía esta mañana en un periódico el aumento del número de niños que sufren una nueva y desconocida patología, LA NOMOFOBIA, o miedo a salir de casa sin el teléfono móvil. Reflexionemos, si como tú dices, el 47% de la población de EEUU tiene una patología psiquiátrica, eso quiere decir que no estamos construyendo un mundo muy sano y feliz.

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    1. Gracias Paco. Creo que es importante que todos nos replanteemos qué queremos y cómo lo queremos. Espero que este apunte nos haga reflexionar un poco.

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