lunes, 18 de noviembre de 2013

PEDIR PERDÓN PARA RECONECTAR

Conectar: Unir, enlazar, establecer relación, poner en comunicación. 

Es un término que se utilizaba más en electricidad. Sin embargo, me parece que es el más adecuado para hablar de lo que sentimos cuando otras personas nos entienden y esto nos lleva a tener la sensación de que no estamos solos. Es entonces, cuando la comunicación, como los electrones y protones, fluye entre nosotros. A lo largo de nuestras rutinas diarias buscamos en muchos momentos conectar con las personas que nos rodean, ya sea a través de una palabra o de una mirada, una sonrisa, un abrazo…incluso chateando, aunque parezca algo muy diferente, tiene un objetivo común, que es el de buscar una conexión con otras personas. 
Este sentimiento, activa ciertos mecanismos en el cerebro que nos ayudan a tener menos miedos, alivian la sensación de soledad e incluso aumenta el número de años de vida. Por lo tanto, es algo que nos permite tener una mejor calidad y cantidad de vida. Esto me lleva a invitar a reflexionar sobre la importancia que tienen esos pequeños gestos hacia los niños/adolescentes con los que nos relacionamos. En ocasiones obviamos estos momentos de “complicidad”, nos metemos en la rutina y priorizamos otras parcelas, pero no solo es importante, sino necesario para una buena comunicación. 
 ¿Pero, qué ocurre cuando conectamos con alguien y por un enfrentamiento esa conexión se transforma en desconexión? 
Dentro de las relaciones afectivas el conflicto es algo inevitable. Es algo normal y necesario entre los miembros de una familia. Algo muy común entre padre e hijos. Hay un pequeño cuento que dibuja muy bien este momento. 

Un día, un sabio le preguntó a sus seguidores lo siguiente: ¿Por qué la gente grita cuando está enfadada? Los hombres pensaron unos momentos y uno contestó: Porque perdemos la calma, por eso gritamos. 
Les dijo entonces el sabio: pero, ¿por qué gritar cuando la otra persona se encuentra físicamente a tu lado? ¿No es posible acaso hablarle en voz baja? ¿Por qué entonces le gritamos a la gente cuando estamos enfadados?
Finalmente él les explicó: Cuando dos personas están enfadadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar para poder escucharse. Mientras más enojados están, más fuerte tendrán que gritar, para así poder escucharse bien la una a la otra. 
Luego el sabio les preguntó: ¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Ellos no se gritan sino que se hablan suavemente. ¿A qué se debe esto? A que sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellas es muy pequeña. Continuó el sabio preguntando: ¿Y cuando se enamoran más aún, qué sucede pues? Directamente ya no se hablan, solamente se susurran cosas la una a la otra.

Tenemos una gran noticia, hay un camino de regreso que hace que desde la desconexión se vuelva nuevamente a la conexión, un interruptor. Este interruptor, que es muy potente, se llama PEDIR PERDÓN. Ya sea de manera explicita o implícita, es la manera de volver a conectarse con las personas con las que hemos tenido un conflicto. En ocasiones si no se ha dado una reconexión suelen solaparse los conflictos y se convierte en una relación poco adecuada que no ayuda a crecer a los niños/adolescentes por que aumenta el miedo y la desconfianza (se bloquea la comunicación). Aunque pedir perdón es el camino necesario para volver a restablecer la relación no es suficiente. Hay un último elemento, la persona a la que pedimos perdón nos tiene que perdonar. No tenemos que olvidar que tiene la libertad absoluta de decidir si concede o deniega el perdón. 
En nuestro día a día, si aspiramos a ser perfectos, lo único que vamos a conseguir es una continua frustración. Si asumimos que somos imperfectos y que en más de una ocasión seremos generadores de conflictos esto nos ayudará a mejorar, porque sabemos que aunque nos equivoquemos, contamos con una herramienta efectiva que es: PEDIR PERDÓN. Nos invito -y me incluyo- a utilizarlo, puesto que no se puede perdonar si no hay una petición de perdón (explicita o implícita).

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