lunes, 2 de diciembre de 2013

ESPEJO, ESPEJITO MÁGICO: DIME QUÉ PERSONA PUEDO LLEGAR A SER

Cuando un niño es sacado de su familia maltratante a veces podemos dejarnos llevar por la idea de creer que “ya está a salvo”. Y en una gran parte así es. Pero ésta no es una acción totalitaria. Aún queda mucho de qué proteger a ese niño. Y dentro de ese trabajo pendiente está el cambiar la imagen que se ha creado de sí mismo. Una imagen coherente con el contexto en el que se ha criado y que le deja indefenso en un mundo que funciona de manera muy diferente a lo que él ha vivido.

Desde que nacemos vamos forjando una idea sobre lo que somos, lo que podemos esperar de los demás, lo que los demás pueden esperar de nosotros y le damos un calificativo a la vida o al mundo en general. Estas ideas forman en su conjunto el sistema de creencias básicas de una persona (o modelo interno de trabajo) y van a desempeñar el importante papel de filtrar las experiencias vitales para darles una interpretación acorde con dichas creencias y así actuar de una forma u otra o mantener unas u otras expectativas.
Este sistema no surge del azar y mucho menos de la voluntad del niño. Surge de la calidad de los cuidados que recibe y del tipo de vínculo (apego) con sus cuidadores de referencia (generalmente sus padres).
Existe un mensaje encubierto y repetitivo en la relación y cuidados concretos a un bebé. No es algo explícito, pero sí significativo, y hace que el cerebro del niño vaya creando esas imágenes y expectativas de las que hablaba. Si un niño recibe un trato negligente y/o maltratante de sus figuras de referencia, la lectura que su cerebro hará de esto será coherente con las ideas de no ser “querible” ni válido, de no confiar ni esperar nada bueno de los otros y de vivir en un mundo amenazante lleno de fracasos, estrés y sufrimiento.
Los niños con los que nosotros trabajamos presentan este perfil. ¿Qué hacer entonces? Lo mejor que podemos hacer es contrarrestar su sistema de creencias construyendo, hasta donde nos sea posible, uno paralelo que le ayude a adaptarse de forma sana y beneficiosa al mundo.

¿Cómo? Haciendo de espejos. Igual que en su día hicieran sus padres o figuras de referencia. Sólo que esta vez el espejo le deberá devolver una imagen de sí mismo como alguien digno de ser querido, de ser aceptado en su idiosincrasia,  válido y capaz, confiable, bueno, etc. ¿En qué habitación deberemos colocar el espejo para que sea efectivo? En la habitación de la seguridad y protección. ¿Y qué marco deberá rodear al espejo? El de la confianza en la capacidad de cambio del niño y en nuestra capacidad de proporcionarle todo lo que está en nuestras manos para facilitarle ese cambio.  Y además, es recomendable preparar un paño limpio para eliminar del espejo reacciones y actitudes tanto de los niños como nuestras que puedan empañar la imagen que queremos devolverles.

Podemos esperarnos dos dificultades: que se resistan a verse a sí mismos de manera diferente a la imagen que traen interiorizada y que se resistan a relacionarse con los demás de otra forma que no sea a través de la agresividad o del victimismo.
Sobre la primera dificultad creo que es importante tener en cuenta que los niños actúan desde sus propios esquemas adquiridos, no desde la voluntad de no actuar como deseamos que hagan. Si un niño agrede a sus compañeros no lo hace por gusto. Lo hace porque no dispone de ningún otro recurso interno. Por lo tanto, debemos ayudarle a que no se vea como “el broncas de la clase”. Si un niño miente constantemente no lo hace por una elección volitiva. Lo hace porque probablemente es lo que durante años le sirvió para sobrevivir y por tanto no podemos reforzar la idea que ya tendrá de sí mismo de “mentiroso”.
Les llevará mucho tiempo creer que no son así, que no son los malos, los indeseables, indignos de ser amados, etc. Por eso no podemos fallarles dejándonos arrastrar por su sistema de creencias. Saquemos el paño y limpiemos cuantas veces sea necesario para devolverles de forma repetitiva y constante la imagen que se merecen y tienen derecho a adquirir.
Con respecto a la segunda dificultad, sobre la resistencia a aceptar una relación segura y sana es importante enseñarles otra forma de comunicarnos y dirigirnos a los demás, de pedir ayuda, de pedir perdón, de reconocer nuestros errores, de disfrutar de la compañía de otras personas, de asumir responsabilidades, de cuidar de otros, de tolerar las diferencias y peculiaridades de cada uno,…y algo muy importante, de confiar en el ser humano. Sólo conseguirán esto si nosotros mismos hacemos el esfuerzo profesional pero también personal de ser modelos para que nos imiten y experimenten todo lo anterior. No hay que olvidar que los valores y comportamientos se adquieren a través de la vivencia, de la experiencia.

Para terminar, creo que ayudará a mantener el espejo en buena predisposición recordar aquello de que los niños hacen lo mejor que pueden para vivir en este mundo con lo que tienen a su alcance, que en muchas ocasiones es un repertorio de recursos psicológicos que resultan inadecuados o desadaptativos.

“Espejo, espejito mágico…”


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