lunes, 20 de enero de 2014

Me quieres y me haces daño.


Hablar sobre la violencia no es nada nuevo sobretodo en el ámbito en el que nosotros trabajamos pero es bueno reflexionar sobre lo que significa y lo que provoca en los menores.
Todo el mundo entiende las agresiones físicas e incluso los maltratos psicológicos que son tan difíciles de explicar cuando una persona y mucho más un niño los sufre pero en nuestro trabajo vemos que hay otras formas de violencia más sutiles, más solapadas ejercidas sobre los niños y de las que se hablan menos o quizá estén más admitidas.
Unas  son las negligencias, es decir la falta de protección por parte de las personas con las que los menores tienen un vínculo afectivo , pero también la otra cara de la moneda que es la sobreprotección ejercida de tal manera que se les impide a los niños desarrollarse de forma que en un futuro puedan ser unos adultos independientes que sean capaces de tomar sus propias decisiones sin que el resultado positivo o negativo de tales decisiones les haga sentirse fracasados, inútiles o que no merecen ser queridos. 
Al mismo tiempo la falta de límites y normas por parte de las personas que ejercen esa vinculación afectiva y que son relevantes para la educación también pueden provocar un desarrollo inadecuado en cuanto a la diferenciación de lo correcto y lo incorrecto de sus actos puesto que nadie se lo ha enseñado y … algo que cada vez se ve con más frecuencia que los niños que reciben con inmediatez lo que piden, serán adultos que no sean capaces de esperar a conseguir sus metas ni podrán aplazar  los éxitos. 
Como se puede deducir de todo lo anterior la violencia es evaluable no solo por lo que ocurre en el momento sino por el daño presente y futuro que produce en la víctima. Pero lo más importante y más llamativo  puede ser entender como se ejerce el maltrato, ese “abuso de poder “ que Pepa Horno explica cuando habla de violencia intrafamiliar : “el amor es una forma de poder “ “ cuando usamos el amor de otra persona para hacerle daño o para obtener un beneficio propio a costa del dolor estamos ejerciendo violencia “.
Después de tantos años trabajando con menores maltratados es interesante, importante, escuchar algo que intuimos pero a lo que no ponemos nombre y Pepa Horno lo hace.
La violencia intrafamiliar se nutre de esto : de amor pero NO de un ambiente de seguridad y ésta es la clave para poder trabajar con menores maltratados y para que se entienda este tipo de violencia tanto por los que la ejercen , como por los que la reciben pero fundamentalmente para todas las personas que trabajamos con víctimas.
 No me quieras mucho quiéreme mejor

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