lunes, 2 de julio de 2018

OTRA ESCUCHA


Hoy, me gustaría comenzar el día, invitando a todos a realizar un pequeño experimento, ¿Te animas?

Vamos  a cerrar los ojos para intentar potenciar y conectar con los sonidos que están a nuestro alrededor. Puede que en un primer momento y dependiendo de dónde estemos, nos parezca que solo
podemos oír el ruido de  coches que cruzan la calle o teléfonos sonando. Pero si nos mantenemos y nos esforzamos un poquito más, enseguida podremos percibir sonidos que están ahí presentes, pero que necesitan una escucha más cuidadosa. Seguro que ya los empiezas a reconocer, ahí, detrás de los más embriagadores, se encuentra ese pajarillo piando sin cesar y de manera insistente, ese niño/a riendo con su bicicleta e incluso puedes escuchar el sonido de ¡tu respiración! Si,  has descubierto o tomado conciencia de que también emite sonido y de lo que es más importante que ¡puedes sentirla!


Con este pequeño ejercicio me encantaría poder haber parado por un instante nuestro ritmo e inercia y aproximarnos de una manera metafórica al trato cuidadoso que todos necesitamos y algunas personas que están ahí, entre nosotros, de forma más especial aún si cabe. Personas bellas como nuestros niños/as y jóvenes, dispuestos a descifrar lo que la vida puede ofrecerles, y que al ponerlo en práctica el descubrimiento es maravilloso.

 “Las personas más bellas con las que me he encontrado son aquellas que han conocido la derrota, conocido el sufrimiento, conocido la lucha, conocido la pérdida y han encontrado su forma de salir de las profundidades. Estas personas tienen una apreciación, una sensibilidad y una comprensión de la vida que los llena de compasión, humildad y una profunda inquietud amorosa. La gente bella no surge de la nada” 
(Elisabeth Kübler- Ross).

Necesitan una escucha y una mirada sin etiquetas ni juicios, que sientan y perciban más allá de lo que está en la superficie. Requieren y buscan lealtad, pertenencia incondicional lejos de la consecución de unos objetivos y/o expectativas, la complicidad de una sonrisa o una mirada, la seguridad de un abrazo o algo tan sencillo como oír pero tan complejo como escuchar cómo es ser y estar para alguien.

Esta actitud como hemos podido apreciar  al inicio, en algunos momentos no es sencilla de mantener, puesto que ocurre lo mismo que con aquellos sonidos intensos que atenúan otros presentes. A menudo nos colapsan conductas que enmascaran necesidades o nos vemos embarcados en prisas, competencias o presiones sociales  que nos impiden parar y disfrutar de algo tan enriquecedor como es nada más y nada menos que la simple experiencia y esencia de ellos mismos. 


Con todo ello  invitamos, ahora que llega un momento propicio para frenar, coger impulso, compartir con amigos y familia, a practicar un sentir diferente, un sentir que enriquece el alma.

“La mente es un espejo flexible, ajústalo, para ver mejor el mundo” 
(Amit Ray)

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